Esa mañana te levantaste aturdido, después de sólo cuatro horas de sueño interrumpido por mi culpa, por mis llamadas a la madrugada, que se habían vuelto cada vez más habituales. Te levantaste entonces, te pusiste mi camisa favorita en vos, te calzaste los zapatos y te dirigiste hacia mi casa. De seguro en el camino fuiste pensando una y otra vez en lo que ibas a decirme, calculando cada palabra y cada gesto, para evitar malentendidos. Ah, todo por mí. Tocaste mi timbre dos veces como siempre, y te recibí con los ojos hinchados por el llanto, llanto que pobre de vos habías tenido que soportar en el teléfono horas antes. No me dejaste explicarte lo que me había pasado (para que no malgastara mis palabras, de seguro) y me dijiste de un tirón: "Lo nuestro no va más. Se terminó." Dijiste que no querías volverme a ver en tu vida, me imploraste que no te buscara más porque sólo recibiría indiferencia a cambio. Y después de dejarme sin aire, te fuiste caminando por Alvear, tan lindo como siempre. Entré y cerré la puerta de la calle a mis espaldas.
Las horas de desesperación se prolongaron, así se hicieron días, y ahora semanas. Desde ese día en cuya mañana me dejaste, empecé a dormir un poco más porque ya no hay llamadas, aunque sí llanto. Y ahora por eso puedo dedicarme mejor a mi trabajo, ¿sabías? Justo cuando a vos te había dejado de gustar lo que pintaba, me permitiste el tiempo suficiente para reencontrarme como artista. Además ahora que ni nos vemos, tengo tiempo libre, para salir a caminar, estar más saludable. Y aunque en una de esas caminatas te vi con esa otra chica, de seguro fue algo que hiciste para dejar en claro que, sí, mirá, se puede seguir. Y presumo que así se me hace más fácil olvidarte. En resumen, estoy segura de que planeaste toda nuestra ruptura para que yo estuviera bien. Porque me querías, supongo. Por más ganas que tenga de irte a pedir perdón por todo el drama que te hice sufrir, ay pobre, no lo hago porque estropearía todo tu solidario y generoso plan para hacerme feliz. Viste qué buen tipo. Por eso me dejaste, de considerado que sos nomás.
Las horas de desesperación se prolongaron, así se hicieron días, y ahora semanas. Desde ese día en cuya mañana me dejaste, empecé a dormir un poco más porque ya no hay llamadas, aunque sí llanto. Y ahora por eso puedo dedicarme mejor a mi trabajo, ¿sabías? Justo cuando a vos te había dejado de gustar lo que pintaba, me permitiste el tiempo suficiente para reencontrarme como artista. Además ahora que ni nos vemos, tengo tiempo libre, para salir a caminar, estar más saludable. Y aunque en una de esas caminatas te vi con esa otra chica, de seguro fue algo que hiciste para dejar en claro que, sí, mirá, se puede seguir. Y presumo que así se me hace más fácil olvidarte. En resumen, estoy segura de que planeaste toda nuestra ruptura para que yo estuviera bien. Porque me querías, supongo. Por más ganas que tenga de irte a pedir perdón por todo el drama que te hice sufrir, ay pobre, no lo hago porque estropearía todo tu solidario y generoso plan para hacerme feliz. Viste qué buen tipo. Por eso me dejaste, de considerado que sos nomás.

3 comentarios:
fucking ying-yang. it's everywhere.
eeesa, julia tiene blog nuevo, blog literario.
mucha suerte con tu blog pendeja.
despues te explico el comentario anterior.
buenísimo jools!
besos, te leo!
Publicar un comentario en la entrada