Ver la imagen de ella quemándose sobre la pila de basura y ramas secas no le fue suficiente. Tomó el montón de fotografías restantes, se calzó los zapatos y, mordiendo el cigarrillo, aprentando dolorosamente su mandíbula, caminó hasta su casa. Arrojó las fotos en el zaguán y allí se las dejó. Para que el tiempo las queme, se dijo. Aunque no más rápido ni placentero que el fuego, tal vez sí más efectivo a la larga. Que ni queden cenizas de Anabel, se dijo otra vez. Se dirigía de vuelta a casa cuando comenzó a sentir un calor en la nuca que le bajaba hasta los tobillos. Con cada paso, su espalda se incendiaba más y más, la piel se le machucaba. Mas esto no lo detenía, sino más bien agilizaba su ritmo. Dejaba un rastro de cenizas que Anabel nunca seguiría mientras respiraba el humo de su propio incendio.
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3 comentarios:
mientras respiraba el humo de su propio incendio.
genial. saludos
olvidé aclarar, para no llevarme todo el crédito.
inspirado en la canción "en el tintero" de austria, banda chamiga y babelera (L)
chee,me encantó esto
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