viernes 17 de octubre de 2008

Sustitución

El lugar estaba iluminado con luces violetas y vos estabas usando una chomba mía. No me preguntés por qué. Te la habrás llevado de casa algún día. Esa a rayas blancas y azules que uso siempre, ¿viste? Te saludé tocándote la cabeza, revolviéndote el pelo. Estabas sentado en el piso, hablando sobre Lou Reed. Me preguntaste si seguía enojada con vos. Claro que no. La cosa es que yo ya la había conocido a ella un rato antes, la había saludado cordialmente, le había sonreído sin saberlo, sin saber que era ella. Vos entendés lo que te estoy diciendo, ¿no?, porque la cuestión es que era ella, no otra, no yo, no esa, sino ella. Ella ahí de negro y feliz de conocerte. Ella tan feliz de ser ella y no yo.
Te perdí de vista por lo que supongo que habrán sido horas. Intenté bailar, me encontré con Ezequiel, mi amigo tan amigo, a veces demasiado amigo, lo abracé, me caí al piso, no sé por qué pero me caí al piso, eso seguro. Junto con Ezequiel, te busqué sin ganas de verte (porque en verdad no quería verte, eso me iba a dar ganas de llorar, y verla a ella, verlos a vos y ella, ella y vos y no vos y yo y ni siquiera ella y yo, no lo iba a poder soportar, la repulsión, las náuseas, no iba a poder) por las enormes habitaciones. Te encontré en una larguísima, también violeta, sentado en el sillón del fondo. Ahí estabas con ella y otra, que no era ella, así que ni me importó. Me senté a algunos metros, intentando no verlos. No lo pude evitar. Le tocaste las piernas. Las piernas de ella. Asquerosas piernas, no tan lindas y largas como las mías, tenés que reconocerlo. Me acerqué para pegarte una cachetada (qué dramatismo, qué novelera) pero te diste cuenta y me corriste la mano. Te pegué con la izquierda, una cachetada triste que te impregnó de reproche.
Le tomé la mano a Ezequiel, miré atrás dos o tres veces, te vi sentarte sobre sus piernas, las asquerosas, con una sonrisa sarcástica que nunca te había visto y espero no volver a ver. Antes de cerrar la puerta para no verte más por esa innecesaria noche, te grité, "¡Quién quiere una vida de todas maneras, Nicolás!".
Quién quiere la vida de ella de todas maneras, Nicolás. Yo la quise, exactamente en el momento entre que tu mano tocó sus piernas y mi mano golpeó tu cara. En ese entonces la quise, sabés que sí.

6 comentarios:

Julie dijo...

para vos y ella, que ojalá se vayan bien a la mierda juntitos los dos.

henrika dijo...

genial, te expresaste muy bien...

noah dijo...

(no se por qué será, pero entiendo mucho lo que escribiste aca)

vir dijo...

uffff!
pero si que se vayan a la reconcha de su hermana!!

Elrinoceronte dijo...

Re cargado de emociones

Me hiciste sentir por momentos en tu lugar
por momentos tus sentimientos.

Gracias.

Pasate y criticá, si querés :)

Ta luego!

Noe dijo...

Y es así la noche y algún ex producen ese sentimiento de propiedad aunque ya todo haya muerto...
nos veremos pronto!