<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977</atom:id><lastBuildDate>Sat, 21 Nov 2009 00:03:57 +0000</lastBuildDate><title>El brazo olvidado</title><description>donde todos los perdedores abandonan lo que más duele.</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Julie)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-4468497442957911024</guid><pubDate>Sat, 29 Aug 2009 02:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-28T23:39:07.166-03:00</atom:updated><title>Cierre</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hagamos eso de que si para los cincuenta años los dos todavía estamos solteros, nos casamos. Nos vamos a vivir a Europa, a escuchar Gainsbourg y tomar café sobre adoquines. Típica careteada intelectualoide. Nos vamos para hacer todo eso que siempre criticábamos (aunque nos fascinara, seamos honestos). Para ese entonces, no vamos ni a recordar por qué nos peleamos a los 17 años. Tal vez hasta nos queramos mucho. Nos dejan y dejamos de joder, vos y yo. Y nos bancamos todo lo que siempre pateamos, todo ese miedo. Ya vamos a estar viejos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-4468497442957911024?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2009/08/cierre.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-8275951928019256491</guid><pubDate>Fri, 10 Apr 2009 20:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-10T18:00:10.824-03:00</atom:updated><title>Dedos cruzados</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Siempre que me llegue un e-mail, o un mensaje, tal vez una carta, cuando toquen el timbre de mi casa, si me gritan “¡Julia!” por la calle o me tocan la espalda, siempre, siempre siempre siempre, primero de todo voy a preguntarme si serás vos. Como primera opción. Después cualquier otro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi vida con vos y después con otro. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No me voy a poner a calcular posibilidades. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ojalá, algún día. Con suerte.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-8275951928019256491?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2009/04/dedos-cruzados.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-6190945158438730743</guid><pubDate>Wed, 11 Mar 2009 02:33:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-11T00:38:28.143-02:00</atom:updated><title>Jueves</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Tiro los zapatos hacia un costado, piso los adoquines sucios y fríos, me apoyo levemente sobre la columna. Las cinco o seis personas que están por entrar me miran con pena, los muy hijos de puta, como si la necesitara. Necesito un taxi a casa, éso, más que nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;A vos te conozco, sí. Estudiamos algo juntos hace unos años. Inglés.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es raro, me quedé cuarenta minutos esperando a que salieran y aún así, no contesto los llamados. Mensaje de texto. "Qué carajo te pasa? Me podés atender?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No son tan lindas, che.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tienen razón, sí me hago la sufrida. Podría volver a entrar, o atender el celular al menos. O explicarles. O intentar. O podría quedarme en casa alguna noche. Nadie te obliga a nada, en realidad. Yo me meto en estas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Igual no salieron a buscarme. Tanto no les importa que me haya ido. ¿Cuándo decidí querer estar acá?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuándo decidí no querer estar acá, éso lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por &lt;/em&gt;&lt;em&gt;el frente pasan taxis.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Quiero nuevos amigos. Esto no es vida.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-6190945158438730743?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2009/03/jueves_11.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-1162724884430926589</guid><pubDate>Fri, 23 Jan 2009 17:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-10T03:53:43.488-02:00</atom:updated><title>Final trágico posible número 3</title><description>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Dijo adiós con una canción de los Beatles.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-1162724884430926589?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2009/01/final-trgico-posible-nmero-3.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-3990140890029581627</guid><pubDate>Sun, 21 Dec 2008 05:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-21T16:38:27.281-02:00</atom:updated><title>Inmortalidad</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;Oscar&lt;/span&gt; era algo desagradable, en verdad. De esos que dan un poco de asco, físicamente, al menos. Estaba siempre cubierto por una fina capa de transpiración y tenía restos de tabaco para masticar entre los dientes. Era difícil sobrepasar la poco plácida imagen de vagabundo, pero una vez que lo hacías, el tipo era particularmente simpático. Tenía una retorcida obsesión con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;Rimbaud&lt;/span&gt; y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;Verlaine&lt;/span&gt; que lo había conducido a delirios de ser algo así como el poeta maldito perdido. Nadie sabe cómo llegó a la ciudad ni mucho menos a trabajar en el puerto. Bueno, tal vez no a trabajar, sí a merodear y a manejar de vez en cuando la lancha para cruzar a la isla. Por este mismo puesto es que lo conocí. Resulta que uno de los cementerios más grandes y bellos se encontraba en esta serena isla, y allí mi abuela. Fue en el primer aniversario de su muerte, en mayo, cuando conocí a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Oscar&lt;/span&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi madre estuvo años para superar esta pérdida, así que durante los primeros aniversarios yo fui la única en ir a dejar flores, aunque no a llorar, extrañamente. Llegué al puerto en busca de algún transporte hacia la lejana pero no tanto tumba y ahí me esperaba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;Oscar&lt;/span&gt;. No me conocía, pero sí me estaba esperando, eso seguro. Con temor, le pregunté si él era el encargado de los botes hacia el cementerio y asintió levantando las cejas. Yo temblaba, no tanto por este nuevo encuentro sino por aquel que tendría del otro lado del río. Parece que él lo notó, y me dijo: - Sos tan joven, la muerte para vos es sólo un rumor.- Tal vez sí, era eso, algo demasiado de abuelas y abuelos, un problema de los grandes. Dejando de temblar y dudar, empezamos el viaje de media hora hasta la isla. Después de minutos de silencio, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;Oscar&lt;/span&gt; comenzó a hablar. Del otoño, principalmente. Comentó que uno de sus poemas favoritos de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Verlaine&lt;/span&gt; se llamaba "Canción de Otoño", y que sus versos favoritos eran:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Tembloroso recuerdo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;esta huida del tiempo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;que se fue.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Evocando el pasado&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;y los días lejanos&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;lloraré.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le obsesionaba bastante todo el tema de la memoria. Me dijo que ésta era la literatura propia de cada hombre (frase que luego me enteraría que era de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Huxley&lt;/span&gt;) y que le fascinaba cómo la mente podía limar las asperezas de los días y de esa manera crear momentos perfectos, casi de éxtasis de felicidad. Afirmaba que tanto el hombre se preocupaba en trascender que no comprendía que tal trascendencia está en lo que naturalmente deja atrás, no en lo que planeaba hacer con aires de gloria y fama.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me esperó en la orilla junto al bote mientras yo me adentré en la isla, en el cementerio, en las tumbas. Dejé las horribles flores (qué flor puede ser linda cuando pretende celebrar la partida de alguien) sobre el nombre de mi abuela y, como dije antes, no lloré. Miré alrededor, observé la monótona y grisácea imagen de las tumbas alineadas y me fui. La muerte cansa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el viaje de vuelta no hablé mucho. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Oscar&lt;/span&gt; me dio un breve y escaso comentario sobre "Las Flores del Mal" de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;Baudelaire&lt;/span&gt; haciendo continuo énfasis en el verso &lt;em&gt;"He alcanzado el otoño total del pensamiento"&lt;/em&gt; del poema "El Enemigo". Basta de otoño, de abuela muerta, de poetas franceses, de recuerdos y de olvidos, pensé. No hay nada por hacer. Pero camino a casa, casi sin pensarlo, entré a una librería y me compré éste último libro. Lo leí esa misma noche y no entendí varios de los poemas, lo admito, aunque sí logré comprender mucho de lo que &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Oscar&lt;/span&gt; me había dicho esa tarde. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Regresé al puerto dos días después. Voy a ser insensible aquí, porque lo confieso: visité la tumba de mi abuela día por medio motivada por el viaje de ida y vuelta con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Oscar&lt;/span&gt;. No sé si le tenía cariño, pero que no me aburría como el resto de las personas, eso seguro. Con todos estos encuentros, analizamos ingenuamente el libro de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Baudelaire&lt;/span&gt; casi completo y memoricé varios poemas. Había encontrado la felicidad en la muerte, ¿cuántos pueden decir eso? No le temía, no me preocupaba, tal vez por tanto &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;flirtear&lt;/span&gt; con ella durante estos cruces en bote. La veía como algo que nos convierte en la bella imagen de lo que no fuimos por poco; por poco siendo aquellas asperezas de las que me había hablado &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Oscar&lt;/span&gt;, eliminadas por el tiempo y la mente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Viajamos a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Uruguay&lt;/span&gt; por vacaciones de invierno y tras mi retorno, no lo vi más. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me enteré de su muerte en octubre, y que su tumba se encontraba en el cementerio de la isla a sólo unas pocas de la de mi abuela. Allí me dirigí, viajando en un frío y poco poético bote conducido por un aburrido extraño más, para buscar con desesperación y tristeza dónde se encontraba &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Oscar&lt;/span&gt;. Siguiendo las pocas instrucciones dadas, di con la tumba. Sentí que se me drenó la sangre y me vino a la mente la imagen de un encantador &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Oscar&lt;/span&gt; cuando leí el epitafio: &lt;em&gt;"Aquí yace un recuerdo"&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-3990140890029581627?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/12/inmortalidad.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-3088983447884053007</guid><pubDate>Sat, 06 Dec 2008 19:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-06T18:01:23.261-02:00</atom:updated><title>Con la radio encendida</title><description>&lt;div align="justify"&gt;El leve viento la mecía etéreamente dándole un movimiento que hasta la hacía parecer viva. Suspendida en el patio con el fino cuero acariciándole brutalmente la garganta, bajo la sombra de sus pies se hallaba una nota que leía &lt;em&gt;"Igual nunca me imaginé en mis cuarentas"&lt;/em&gt; mientras de fondo sonaba esa canción una y otra vez.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=b333c4b" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-3088983447884053007?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/12/con-la-radio-prendida.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-7363052323708646168</guid><pubDate>Mon, 17 Nov 2008 23:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-17T21:27:31.089-02:00</atom:updated><title>Egoísmo</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Una pena en verdad, sí. Pero tuve que matarlo. No soportaba el hecho de que tuviera un pasado sin mí.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-7363052323708646168?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/11/egosmo.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-4642339093980948212</guid><pubDate>Tue, 04 Nov 2008 18:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-04T19:47:18.482-02:00</atom:updated><title>Detonación</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Daniel doblaba la esquina de Riobamba con su auto azul petróleo, uno de esos colores rebuscados que inventan las compañías de autos en sus anuncios para hechizar a los compradores, azul petróleo, ¿siquiera existe el petróleo azul? En fin, doblaba la esquina, agarró la calle de su vieja escuela y siguió manejando. Mas no hizo unos metros más que divisó a Ricardo, su viejo amigo Ricardo, íntimo amigo aunque no se vieran tan seguido últimamente, porque bueno, para comprar un auto de semejante colorazo hay que trabajar duro, lo que no deja tiempo libre para verse con todo el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cosa es que habrían sido como tres meses que no lo veía. Una que otra charla por teléfono, saludos enviados por medio de amigos comunes, pero ya hacía bastante que no se reunían semanalmente como tanto lo habían hecho durante el año anterior.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo vio a Ricardito entonces, Ricardito igual que siempre, el fan de Pulp Fiction y Stravinski, sólo algunos de los tantos fanatismos en común que les dieron horas de charla. Tocó la bocina dos veces y ¡Ey, Ricardo!, y Ricardo ahí, sorprendido y sonriente, saludando. Una cálida sensación casi le entumeció todo el cuerpo, calidez que sólo otra persona puede dar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En las siguiente cuadras, con Ricardo cada vez más lejos, la cabeza de Daniel comenzó a atiborrarse de anécdotas y reminiscencias. Mientras manejaba, iba recordando las tardes de mate y póquer en la quinta funense de su amigo, en donde también se quedaban hasta las seis de la mañana fumando, hablando de sus actrices favoritas y de las obras de teatro que más lágrimas les habían arrancado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo esto en la cabeza de Daniel no daba más, estaba que explotaba, pero, en un mejor escape, la maraña de recuerdos confluyó en una sonrisota en su cara, de esas que acalambran las mejillas. De esta manera, dolorosamente contento, estuvo por varios metros más. Aún así, continuaban emergiendo de su mente imágenes con su amigo, se apilaban, se caían, se desordenaban y mezclaban. Tanto se fusionaron que en un momento Daniel llegó a verse hablando de la royale with cheese en un auto con Ricardo, cual Vincent y Jules. Comenzó a sacudir su cabeza, pero era más fuerte que él, inevitablemente se liberaban cada vez más y más recuerdos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y de repente, ¡pum!, la tensa sonrisota que Daniel había estado manteniendo hacía ya varios minutos estalló en una carcajada de felicidad tremenda, carcajada que hizo estrepitosamente reventar una mezcolanza algo inmunda de su boca, ensuciando todo el interior del auto. El vidrio del parabrisas se salpicó de yerba húmeda, de cocaína miawallaceana, de tarantelas y sonatas neoclásicas, de naipes, de cenizas de cigarrillo, de pasto y mosquitos de veranos funenses, de pequeñas Rita Hayworths y Greta Garbos, de tranvías llamados deseo. Un fascinante cóctel, aunque nauseabundo, sí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Rápida y desesperadamente, Daniel comenzó a limpiar el vidrio con su antebrazo. Logró quitar la mayoría del mejunje a tiempo para mirar la calle antes de llegar a pasar el próximo semáforo en rojo, que casi lo hizo chocar, menos mal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-4642339093980948212?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/11/detonacin.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-1800021287077667359</guid><pubDate>Mon, 27 Oct 2008 01:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-26T23:37:10.129-02:00</atom:updated><title>Ardor</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Ver la imagen de ella quemándose sobre la pila de basura y ramas secas no le fue suficiente. Tomó el montón de fotografías restantes, se calzó los zapatos y, mordiendo el cigarrillo, aprentando dolorosamente su mandíbula, caminó hasta su casa. Arrojó las fotos en el zaguán y allí se las dejó. Para que el tiempo las queme, se dijo. Aunque no más rápido ni placentero que el fuego, tal vez sí más efectivo a la larga. Que ni queden cenizas de Anabel, se dijo otra vez. Se dirigía de vuelta a casa cuando comenzó a sentir un calor en la nuca que le bajaba hasta los tobillos. Con cada paso, su espalda se incendiaba más y más, la piel se le machucaba. Mas esto no lo detenía, sino más bien agilizaba su ritmo. Dejaba un rastro de cenizas que Anabel nunca seguiría mientras respiraba el humo de su propio incendio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-1800021287077667359?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/10/ardor.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-5326343209165511561</guid><pubDate>Fri, 17 Oct 2008 16:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-17T15:10:55.868-03:00</atom:updated><title>Sustitución</title><description>&lt;div align="justify"&gt;El lugar estaba iluminado con luces violetas y vos estabas usando una chomba mía. No me preguntés por qué. Te la habrás llevado de casa algún día. Esa a rayas blancas y azules que uso siempre, ¿viste? Te saludé tocándote la cabeza, revolviéndote el pelo. Estabas sentado en el piso, hablando sobre Lou Reed. Me preguntaste si seguía enojada con vos. Claro que no. La cosa es que yo ya la había conocido a ella un rato antes, la había saludado cordialmente, le había sonreído sin saberlo, sin saber que era ella. Vos entendés lo que te estoy diciendo, ¿no?, porque la cuestión es que era ella, no otra, no yo, no esa, sino ella. Ella ahí de negro y feliz de conocerte. Ella tan feliz de ser ella y no yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Te perdí de vista por lo que supongo que habrán sido horas. Intenté bailar, me encontré con Ezequiel, mi amigo tan amigo, a veces demasiado amigo, lo abracé, me caí al piso, no sé por qué pero me caí al piso, eso seguro. Junto con Ezequiel, te busqué sin ganas de verte (porque en verdad no quería verte, eso me iba a dar ganas de llorar, y verla a ella, verlos a vos y ella, ella y vos y no vos y yo y ni siquiera ella y yo, no lo iba a poder soportar, la repulsión, las náuseas, no iba a poder) por las enormes habitaciones. Te encontré en una larguísima, también violeta, sentado en el sillón del fondo. Ahí estabas con ella y otra, que no era ella, así que ni me importó. Me senté a algunos metros, intentando no verlos. No lo pude evitar. Le tocaste las piernas. Las piernas de ella. Asquerosas piernas, no tan lindas y largas como las mías, tenés que reconocerlo. Me acerqué para pegarte una cachetada (qué dramatismo, qué novelera) pero te diste cuenta y me corriste la mano. Te pegué con la izquierda, una cachetada triste que te impregnó de reproche.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le tomé la mano a Ezequiel, miré atrás dos o tres veces, te vi sentarte sobre sus piernas, las asquerosas, con una sonrisa sarcástica que nunca te había visto y espero no volver a ver. Antes de cerrar la puerta para no verte más por esa innecesaria noche, te grité, "¡Quién quiere una vida de todas maneras, Nicolás!".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quién quiere la vida de ella de todas maneras, Nicolás. Yo la quise, exactamente en el momento entre que tu mano tocó sus piernas y mi mano golpeó tu cara. En ese entonces la quise, sabés que sí.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-5326343209165511561?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/10/sustitucin.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-7648479949905399510</guid><pubDate>Tue, 14 Oct 2008 23:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-14T20:55:59.584-03:00</atom:updated><title>Anonimato</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Juana llegó a su casa, abrió la puerta y en el piso al lado del paraguas tirado, encontró una nota que decía &lt;em&gt;"Esto es sólo para que sepas que conocerte fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida".&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Acto seguido, Juana rompió en un sonido entre llanto y risa y a gritos comenzó a preguntarse cómo alguien podía ser tan cruel.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-7648479949905399510?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/10/anonimato.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-8687919419155732794</guid><pubDate>Tue, 07 Oct 2008 20:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-07T20:24:23.052-03:00</atom:updated><title>Rarezas</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Yo te juro que los miraba con tanta envidia a estos seres (no sé si humanos, de seguro no animales, pero al margen de todo lo que había conocido hasta ese entonces). Una injusticia, ¿por qué siempre ellos y nosotros no? Todos nos merecemos un poco de perfección alguna vez en la vida, al menos ocho o nueve días de felicidad impecable (que después equivalen a tres o cuatro meses de nostalgia, pero bueno, es un precio que vale la pena pagar). Verlos tan bonitos y divertidos me daba rabia, creo que porque en el fondo siempre supe que tal belleza y dicha no eran más que una mentira. Lo que pasa es que les salía tan bien. Embobaban a los demás al pasar, al hablar, al besar. Eran como criaturas preciosas entre nosotros, las monstruosidades que no tuvieron su fortuna. O peor, que la tuvimos y qué mal nosotros que no la supimos aprovechar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Intrigada, los observé durante meses, aprendí sus nombres, estudié sus códigos y lenguajes, indagué en sus relaciones con los otros, examiné sus gustos y placeres. Logré incluso mimetizarme, pude hacerme pasar por alguno de ellos una que otra vez sin ser descubierta. Creo que fue en la última de esas veces en la que sentí el vacío. Explicar la sensación de vacío es algo verdaderamente deforme. Es como tener un hueco en la garganta. Una sensación de culpa increíble (eso me sorprendió, la culpa no me la esperaba). Es ahogarse sin llanto, junto a un cosquilleo en todas las extremidades.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Podría escribir libros y libros sobre ellos, porque en verdad me fascinaron por un tiempo. Pero todo lo que me parece enigmático eventualmente termina por desilusionarme, siempre. Y ahí no quiero saber nada más. Aún así, estas revelaciones son completamente personales. La gran mayoría todavía glorifica estos falsos ídolos, criaturas tontas (así de simple, tontas) en el fondo. Vacías. Tengo el terrible deseo de que todos se den cuenta de ese vacío, de por qué no deberían exaltar a estas verdaderas basuras. Muy fácilmente podría sentirme derrotada. Yo sigo en el grupo de los no tan bonitos ni tan felices. Es tremendo el odio que les tengo ahora. De todas maneras, no importa. Estoy segura de que ellos nunca van a poder amar a alguien. Yo gano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-8687919419155732794?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/10/rarezas.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-1426377366225432314</guid><pubDate>Mon, 29 Sep 2008 00:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-28T21:52:21.837-03:00</atom:updated><title>Cabo suelto</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Ayer esperando el colectivo de vuelta a casa me encontré con el papá de Silvina Ferreira. Les cuento, Silvina fue conmigo a la escuela desde jardín, y durante primer y segundo grado fuimos muy amigas. Bah, lo más amigas que se puede ser a los seis años, cuando no es necesario compartir mucho ni tener tanto en común. Nadie tiene gustos, opiniones a los seis años; sabor de helado favorito, a lo sumo. Sos amiga a la segunda vez que te ves. Dale, compartí el banco y un alfajor en este recreo conmigo, y listo, amigas por siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La cosa es que nos peleamos en segundo grado cuando decidí hacer un trabajo de Ciencias Naturales con otra compañera. La había perdido de vista durante las primeras dos horas de la mañana, pero cuando salí al patio me la encontré llorando sentada en el cantero. Estaba roja, y tenía las pestañas completamente mojadas, por lo que se le unían y se le formaban como sólo cinco o seis pestañas enormes, a lo Naranja Mecánica. "¿No soy más tu mejor amiga?", me preguntaba una y otra vez, batiéndome esas pestañotas en la cara. Le dije que me parecía normal el juntarse con otras personas (era víctima de una relación posesiva ya a los seis años, ay de mí). Incluso le dije, para que se calmara un poco por dios, que cuando fuésemos grandes nos íbamos a ir a vivir juntas, con todo eso que creés tan extraordinario cuando sos chica y cuando crecés te das cuenta de que no, que el glamour nunca llega.&lt;br /&gt;En los próximos dos o tres meses hasta las vacaciones de verano, todo siguió normal, o al menos eso creía yo. Pero llegó diciembre y el último día de clases, la saludé normalmente y por las próximas semanas no la vi. Ni la llamé. No tenía ganas, creo. Pero mi mamá se dio cuenta y me dijo, che, por qué no la llamás a la pobre Silvi.&lt;br /&gt;Llamé a su casa el quinto sábado de vacaciones. Me atendió su papá. Me dijo que Silvina no estaba en casa, que se había ido a un pueblo a varias horas de Rosario a visitar a su abuela, y que no sabía cuándo volvía. Mentira, seguro que sabía. Qué clase de padre era si no. Pero bueno, no me hice esos planteos, digalé que me llame cuando vuelva entonces y chau. Pero fue él quien me llamó dos semanas después, para decirme que Silvina no iba a volver, que se iba a quedar viviendo en este pueblucho porque no le gustaba nuestra escuela y ya se había hecho nuevos amigos allá.&lt;br /&gt;Me quedé muda. Le dije, ehm, gracias por avisarme, y colgué.&lt;br /&gt;La muy hija de puta me había abandonado. Después de que yo le había prometido una amistad de por vida, un vivir juntas, sé madrina de mis hijos, toda esa pavada infantil que a uno le da penosa esperanza. Insulté a más no poder a Silvina y a su abuela, a todos sus nuevos amigos y los profesores que tendría en su nueva escuela.&lt;br /&gt;Cuando me crucé a su papá ayer en la parada, lo saludé casi con alegría. “Cómo andás, querida, qué grande estás, ¿qué andás estudiando? ¿Bellas Artes? Sí, siempre fuiste artística”. La cháchara de siempre. Pero bueno, junté coraje y le pregunté: “¿Y Silvina? ¿Cómo anda?”&lt;br /&gt;Y entonces me contó. Del primer novio, del segundo, del estudio, de sus amigas, de la vuelta del primer novio. Es feliz.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“¿Por qué no la llamaste al principio de ese verano?”, me preguntó. Le expliqué el desinterés infantil, lo cabeza dura que era. Me contó que Silvina pasó esas semanas en su casa sola. Fue ahí cuando decidió irse de esta ciudad, al pueblucho, a los amigos, a los novios. De seguro me recuerda como la pelotuda que la condenó a semanas de vacaciones de abandono y llanto. Llegó mi colectivo. Chau chau, qué bueno verlo señor, y me fui.&lt;br /&gt;Llegué a casa. Busqué la guía. F, F, Ferrari, Ferreira. Silvina. Pueblo, María Juana. La llamé. Quince años después la llamaba para pedirle disculpas por no haberlo hecho ese verano. Después de intentar explicarme lo sorprendida que estaba por recibir mi llamado, algo tan impensado, me dijo: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Che, no querés que nos veamos, para recordar viejos tiempos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Eh, te digo la verdad, no, no me interesa una reconexión, mucho menos una amistad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ... ¿y para qué me llamás entonces?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sólo para sacarme esto de encima.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Colgué el teléfono. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otra vez abandonaba a Silvina con sus pestañas mojadas en el cantero. Son este tipo de olvido y desinterés tan comunes en mí que me causan un terror indescriptible. Uno no puede andar por la vida prometiendo esas cosas. Así se arruinan veranos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-1426377366225432314?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/09/cabo-suelto.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-6279090470878977408</guid><pubDate>Tue, 23 Sep 2008 20:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-08T17:56:32.304-03:00</atom:updated><title>Los vagones</title><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Marcos, que ojalá también lo encuentre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Vos me estás escondiendo algo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A kilómetros de casa, en las afueras del pueblo, me miró con tal cara de idiota que era para pegarle. Como diciendo "¿Yo? ¿El del problema acá soy yo?".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Inventos tuyos, Marianela. Siempre montando teatro donde no hay escenario.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Si así lo pensás.- me levanté y sacudí el polvo de las piernas. - Vamos.- le obligué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Volvimos, uno caminando a cada lado de la vía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Creo que así estuvimos siempre. Yendo en el mismo sentido, paralelos y al mismo ritmo, pero nunca del mismo lado, lo suficientemente cerca, o de la mano; siempre separados por un tren fantasmal conducido por la frialdad de Ariel. De todas maneras, soy yo la que siempre se va a sentir culpable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cada cientos de metros, íbamos encontrando vagones de los viejos trenes del pueblo volcados a un lado, como gigantescos cadáveres de hierro esparcidos a lo largo de la vía. Inútiles, inmóviles si no enlazados con otro, un par, uno igual.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es perturbador ver restos de algo y no ese algo, alguna vez tan vigoroso e intenso. Tan perturbador como cansador. Creo que ya dejé de hablar de trenes, ¿eh? Seríamos nosotros los pesadísimos cuerpos metálicos sin vida, ahí arrojados, desencadenados del otro. Y tan inservibles, tumbados al lado del camino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No lo vi por nueve días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tarareando Simon and Garfunkel, lo fui a buscar a su casa un lunes y no lo encontré. Después me enteré de que viajó a Europa, a quién sabe qué.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Puede decirse que lo extraño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca fui muy religiosa, pero desde ese día empecé a rezar todas las noches por él. Por lo que sea que estuviera buscando. Espero que lo haya encontrado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-6279090470878977408?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/09/los-vagones.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-1617215762401712977.post-6266636928318872524</guid><pubDate>Mon, 22 Sep 2008 14:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-22T14:23:43.440-03:00</atom:updated><title>Autoengaño</title><description>&lt;div align="justify"&gt;Esa mañana te levantaste aturdido, después de sólo cuatro horas de sueño interrumpido por mi culpa, por mis llamadas a la madrugada, que se habían vuelto cada vez más habituales. Te levantaste entonces, te pusiste mi camisa favorita en vos, te calzaste los zapatos y te dirigiste hacia mi casa. De seguro en el camino fuiste pensando una y otra vez en lo que ibas a decirme, calculando cada palabra y cada gesto, para evitar malentendidos. Ah, todo por mí. Tocaste mi timbre dos veces como siempre, y te recibí con los ojos hinchados por el llanto, llanto que pobre de vos habías tenido que soportar en el teléfono horas antes. No me dejaste explicarte lo que me había pasado (para que no malgastara mis palabras, de seguro) y me dijiste de un tirón: "Lo nuestro no va más. Se terminó." Dijiste que no querías volverme a ver en tu vida, me imploraste que no te buscara más porque sólo recibiría indiferencia a cambio. Y después de dejarme sin aire, te fuiste caminando por Alvear, tan lindo como siempre. Entré y cerré la puerta de la calle a mis espaldas.&lt;br /&gt;Las horas de desesperación se prolongaron, así se hicieron días, y ahora semanas. Desde ese día en cuya mañana me dejaste, empecé a dormir un poco más porque ya no hay llamadas, aunque sí llanto. Y ahora por eso puedo dedicarme mejor a mi trabajo, ¿sabías? Justo cuando a vos te había dejado de gustar lo que pintaba, me permitiste el tiempo suficiente para reencontrarme como artista. Además ahora que ni nos vemos, tengo tiempo libre, para salir a caminar, estar más saludable. Y aunque en una de esas caminatas te vi con esa otra chica, de seguro fue algo que hiciste para dejar en claro que, sí, mirá, se puede seguir. Y presumo que así se me hace más fácil olvidarte. En resumen, estoy segura de que planeaste toda nuestra ruptura para que yo estuviera bien. Porque me querías, supongo. Por más ganas que tenga de irte a pedir perdón por todo el drama que te hice sufrir, ay pobre, no lo hago porque estropearía todo tu solidario y generoso plan para hacerme feliz. Viste qué buen tipo. Por eso me dejaste, de considerado que sos nomás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1617215762401712977-6266636928318872524?l=elbrazoolvidado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elbrazoolvidado.blogspot.com/2008/09/autoengao.html</link><author>noreply@blogger.com (Julie)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item></channel></rss>